Salud Mental

En esta Sección presentaremos una panorama del tratamiento que se brinda a la niñez y la adolescencia en relación a las temáticas vinculadas a la salud mental y los procesos de medicalización de la infancia focalizando en el contexto argentino y con el marco regulatorio de la ley 26.657/10 y su Decreto reglamentario 603/13.
Esta ley fue promulgada en 2010, y reglamentada en 2013.[1] Se trata de una ley de orden público, es decir que responde a un interés general, colectivo, y por ello su cumplimiento es irrenunciable en todo el territorio nacional.
Esta ley define la salud mental en un sentido amplio, y por tanto, permite cobijar bajo el amplio paraguas del padecimiento mental una cantidad y variedad de situaciones, muchas de las cuales otrora se inscribían las situaciones de “riesgo moral y material”.  Por eso, conviene hacer una muy breve reseña de los modos que históricamente se gestionó el control de la infancia.

Con la modernidad, la niñez se posiciona como foco de estrategias orientadas a promover activamente algunas capacidades y atributos (inteligencia, educación, estabilidad emocional, entre otras). La salud, el bienestar y las características de crianza infantiles se ligaron al destino de la nación y a las responsabilidades del Estado. Durante los siglos XIX y XX, los proyectos para preservarla modelaron detalles de la vida doméstica, conyugal y sexual de sus padres. Estos proyectos se complementaron con acciones directas sobre los cuerpos infantiles, para impartir conocimiento, inculcar conductas o supervisar, evaluar y rectificar patologías. Siendo rigurosos, es factible establecer que el control y  cuidado de la infancia se ha gestionado siempre bajo la modalidad tutelar, y esta tuvo varias formas de expresión, abarcando facetas de corrección, de tratamiento y de psicologización, todas estrategias tendientes a la normalización y moralización de la infancia. La tutela se orientó a la protección, socorro y educación del niño desamparado, a la corrección del niño difícil, y al castigo del futuro delincuente, intentando mitigar ciertas potencialidades, tanto en lo referido a la falta de productividad, como a la beligerancia con normas establecidas, que podían tornarse revolucionarias. Establecida como saber normativo por excelencia, la medicina (primordialmente la medicina mental, la pediatría y la neurología) colaboró con la criminología y la pedagogía en las tareas de diagnosticar, clasificar y tratar a la infancia degenerada, con objetivos y resultados disímiles.
Daroqui y López (2012) inscriben la historia de las políticas de intervención sobre la infancia, en procesos más abarcativos de control y normalización social, en los que la niñez conforma un continuum con otros subconjuntos poblacionales considerados peligrosos o en riesgo, en una serie constituida también por locos, salvajes, criminales, proletarios y animales. La infancia constituyó, como ellos, un sector problemático de la sociedad, y su existencia supuso una amenaza presente o futura para el bienestar del Estado, sea bajo la figura del delincuente potencial que amenazaba la propiedad y la seguridad, como futuro trabajador cuyas habilidades y moral debían ser moldeadas, o como futuros soldados que debían mantener un estado físico óptimo para luchar en nombre de la Nación. Esta serie se gobernó mediante estrategias diversas, desde abiertamente penales, a tutelares y asistenciales, abarcando “tecnologías de cura, corrección, represión, protección, disciplinamiento, segregación o, en sus extremos, incapacitación y eliminación” (Daroqui & López, 2012, p.49).
Aunque como marcan Daroqui y López, se trata de “reprimir para separar, separar para curar, para disciplinar, para proteger, para corregir, para incapacitar, para neutralizar” (Daroqui & López, 2012, p.50), cada época exhibe especificidades en la estructura económica, política y cultural, que permean los saberes expertos para el diagnóstico de colectivos asociados a la disfuncionalidad en relación a pautas de normalización y conductas esperadas. Conceptos como desamparo, vicio, mala vida, peligrosidad, promiscuidad, riesgo, carencia o vulnerabilidad, y e instrumentos jurídicos como “riesgo moral o material” o “interés superior del niño”, expresan imaginarios y representaciones heterogéneos acerca de quienes requieren las intervenciones específicas.
Los procesos de medicalización de la infancia, en particular a aquellos vinculados a la salud mental  configuran un dispositivo privilegiado de normalización y de gestión poblacional. En consecuencia, el estudio de los diagnósticos en salud mental infantil sustrato de los procesos de medicalización hoy,  permiten avanzar en la compresión de la reconfiguración de los modelos de cuidado sobre  niños, niñas y adolescentes en la Argentina, que en virtud de elementos singulares, se torna un caso disonante en la región.

[1] La Dra. Silvia Faraone [link: http://trabajosocial.sociales.uba.ar/wp-content/uploads/sites/13/2016/03/08_Faraone.pdf[ ha documentado y publicado los pormenores del debate en las Cámaras Legislativas, y las tensiones que quedaron expuestas en dichos debates.

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